Encuentro de Manuel Calavera y Dos Nómadas

Manuel Calavera

Manuel Calavera es el alter ego -imagino que es la versión españolizada del Manny Calavera del videojuego Grim Fandango que LucasArts lanzó allá por 1998- del youtuber gallego, y mejor persona, Álvaro Iglesias, a quien tuvimos la ocasión de conocer a finales de agosto de 2018 en la galaica población de Nigrán, pegada a Vigo en la provincia de Pontevedra.

Hace apenas unos días, y con muchísima razón, Álvaro me recriminaba lo dejada que tenía la web, que no publicaba contenido, así que comienzo una nueva etapa de Dos Nómadas con el foco puesto en la web, nos esperan muchas novedades. Estad atentos.

¿Quién es Manuel Calavera?

Al lío. Manuel Calavera no es un tipo convencional, vaya eso por delante. Tiene dos canales de YouTube, uno donde explora elementos urbanos -disciplina conocida como UrBex– y se explaya sobre su historia, los usos que tuvo en el pasado y donde muestra el estado actual de la construcción independientemente de que hablemos de un edificio, un convento, una fábrica o una instalación militar abandonada. Es la «primera marca» del Sr. Calavera, la cremita, con más de 8.600 suscriptores y decenas de vídeos para ver. Podéis visitar su canal de YouTube Manuel Calavera y ya me contáis.

Después tenemos su canal secundario, con un nombre menos optimista, Manuel Calavera Diario de mi Muerte, donde desgaja algunos aspectos de su vida más personales e «íntimos». Tiene también bastantes vídeos, si queréis verlos tan solo tenéis que ir a Manuel Calavera Diario de mi Muerte

Conociendo a Manuel Calavera

Dicho esto os narro, ahora sí, el encuentro que tuvimos en su Nigrán natal. Quedamos en una zona de costa, a pocos kilómetros del pueblo, en Baiona para ser más concretos. El tema aparcamiento estaba regular puesto que como digo la acción se sitúa en los últimos días de agosto de 2018 -estábamos a pocos días de realizar la primera entrada al norte de la vecina Portugal- y la afluencia de turistas era más que notoria. Al final nos fuimos comunicando por WhatsApp y tras conseguir aparcar en una zona apartada -junto al mar- me dice que nos ve y que ya baja, que está en lo alto de una pequeña montaña que podíamos ver desde allí.

La escena que viene a continuación podría ser propia de cualquier capítulo de La Hora Chanante o Muchachada Nui. De repende vemos una figura humana -grácil y desgarbada- descender por la ladera de la mencionada montaña, con agilidad, portaba en una de sus manos algo que sujetaba con cuidado de que no cayese. Con una pericia digna de un componente del Circo del Sol se deslizó, sin que lo que parecía una bandeja se moviese un centímetro, saliendo al pie de la carretera que llegaba hasta donde La Vane descansaba. Todo seguía siendo de lo más pintoresco.

Manuel Calavera -Álvaro- es un tipo que ronda los 40 años y de cabellos alocados, tipo Einstein, vestía con una camiseta de calaveras y un chaleco de esos llenos de bolsillos a lo Iker Jiménez reporteril, remataba su outfit con un bañador puesto a modo de bermudas de vestir y unas zapatillas casi tan ajadas como las mías. Nos saludamos, le doy un abrazo, lo noté algo incómodo con el gesto pero es que soy demasiado de abrazar y besuquear, lo siento Álvaro. Ojo, no lo besuqueé, no había confianza… lo dejo para la próxima. Entonces veo con nitidez el objeto que con tanto primor y cuidado portaba en su mano derecha a modo de bandeja, se trata de eso precisamente, una bandeja de pastelería de esas de cartón duro donde nos traía a modo de presente de bienvenida unos trozos de rica tarta de queso de la que luego dimos buena cuenta.

Las horas que siguieron fueron una más que grata experiencia. Álvaro es una persona cercana y amable, nos invitó a ver la Fortaleza de Monterreal, que estaba a tiro piedra, empeñándose en pagarnos la entrada. Hablamos durante horas sobre lo divino y lo humano. De hecho sobre este encuentro grabó y editó un vídeo que subió a su canal secundario y que os dejo incrustado a continuación.

Después de visitar la fortaleza y dar una vuelta por toda la zona ví el brillo de su mirada cada vez que sus pupilas se posaban sobre La Vane, había tenido dos Vanette y añoraba volver a ponerse a los mandos de una. Me dijo que se marchaba a pie pero no quisimos que se fuese sin probar la sensación de desplazarse de nuevo en una Vanette así que Cristina pasó a la parte de atrás y Álvaro ocupó el asiento del acompañante. Disfrutó de la experiencia como un niño, incluso -como podéis ver en el vídeo anterior- grabó con su cámara de 360 grados y todo, y yo también al ver con qué cosa tan sencilla se puede hacer feliz a alguien.

Álvaro Iglesias me pareció sobre todo una buena persona, se que le hacía ilusión -de alguna manera- viajar con nosotros así que plasmó, al otro lado de la de Alex Marín -propietario de ForoCoches-, su firma sobre la chapa de nuestra casa con ruedas. Su firma buena, ojo. Por cierto que hace apenas unas semanas quise proteger ese patrimonio que, aunque estaba hecho con rotulador indeleble, corría peligro de perderse como lágrimas en la lluvia, así que cubrí la firma con vinilo transparente con protección UV para que permanezca siempre en su lugar con el mismo brillo y nitidez.

Firma buena de Manuel Calavera

Antes de despedirnos nos hicimos una última foto. Pensaba que sería de verdad la despedida, pero no. Días después tuve que cambiar las placas de matricula de la furgoneta y fue él quien no solo me dejó un taladro para quitar las viejas y colocar las nuevas, sino que también me buscó un sitio cómodo para trabajar, en el jardín de la casa de un familiar.

Espero Álvaro -es mi propósito para 2019- que esta sea la primera de muchas entradas por publicar, el objetivo es hacer que la web de Dos Nómadas sea el centro de toda esta aventura que comenzamos en abril de 2018 y que nos ha tenido viajando por España casi 10 meses. Gracias por querer conocernos y gracias por el cariño, que ya entendemos tu forma de entender estas cosas pero no evitará que cuando nos volvamos a ver te achuche de nuevo con un abrazo tipo oso.

Dos Nómadas… OUT.

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