Este artículo es quizás ya un poco de historia puesto que lo que os voy a mostrar ya no existe. Compramos nuestra furgoneta en septiembre de 2016 y desde ese momento hasta el 10 de abril de 2018, fecha en que cambiamos de vida, la estuvimos preparando poco a poco para ello. Con esta primera camperización viajamos durante casi un año.
La primera camperización fue espartana -o ZEN, como me gusta a mi llamarla- y muy básica. Nunca habíamos vivido en un espacio tan pequeño y no sabíamos nada al respecto. Los 10 meses siguientes serían un master para nosotros en ese sentido.
Sigue leyendo y entérate de todo, hay muchas fotos.
Camperizar una Nissan Vanette estilo ZEN
Tenemos una Vanette pelada por dentro, limpia y abierta a todo tipo de modificaciones. Así lo veíamos en septiembre de 2016, todo un mundo de posibilidades, un presupuesto total de 3.000€ -de los que 1.350€ ya habían volado al comprar la furgoneta- y una inexperiencia total en el campo de lo que hoy se da en llamar camperización de furgonetas.

Así con esos mimbres comenzamos a tejer el canasto de lo que sería la primera versión final de nuestra casa para lo que en principio era un periplo de viaje de un año, pero que se quedó en 10 meses de viaje por España y Portugal.
No quise caer en lo que personalmente me parece un error de bulto en todas las camperizaciones que veía en vídeos y mensajes en foros especializados, y que no es otro que intentar meter todas las comodidades de un piso en un espacio de apenas 3 metros cuadrados. Es absurdo, imposible y muy poco funcional.
¿Qué es lo esencial para ti en una furgoneta camper?
Quiero remarcar lo de PARA TI, porque para cada uno lo esencial es algo distinto, para nosotros estaba claro, descansar como es debido. Ni más ni menos. Dormir cómodos. Y bajo esa premisa ideamos una cama que no distase demasiado de la que teníamos en casa, con algo menos de anchura pero lo más espaciosa posible.
Eso nos llevó a crear una estructura que estaría hecha con listones de abeto cepillado con 6 tapas de distintos tamaños que por la noche se transforma en una cómoda cama de 130 centímetros de ancho por 190 de largo. Y en ello nos pusimos a trabajar.

La estructura una vez acabada era sólida -demasiado quizás- y sobre ella había que adaptar lo que serían las tapas que guardarían nuestras pocas posesiones en el momento de partir. Y que irían mermando con el paso de las semanas y los meses.
Íbamos avanzando. Colocamos a modo de presentación las piezas de contrachapado de 18 milímetros de grosor en su sitio y el aspecto nos convenció a ambos.

Esto era lo que se buscaba, no lo correcto, pero sí lo que nuestras mentes veían adecuado para vivir. No sabíamos aún que todo eso no era apenas útil para lo que vendría después, pero ahí estábamos.
Montando la estructura camper
Convertimos nuestro comedor -que no tenía ya muebles- en el taller donde trabajamos en la estructura. Comenzamos a instalar las primeras piezas de contrachapado, las fijas.

Iban atornilladas y encoladas, después tapamos las cabezas embutidas en la madera con masilla y tras un lijado todo quedaba liso y preparado para la imprimación.

Aprovechando el buen tiempo Cristina me ayudaba a sacar la estructura a la enorme terraza que teníamos y una vez colocada sobre caballetes trabajábamos sobre ella durante horas con la radio sonando de fondo y, a veces, con la compañía de alguna cerveza bien fría.

Una vez pusimos las piezas fijas, lijamos y dimos por fin la capa de imprimación previa a la pintura definitiva.
Presentando las tapas
Ya acabada de imprimar la estructura, y dejándola lista para pintar, nos pusimos con las tapas, cosa que nos daría para un montón de viajes con la estructura a cuestas para ponerla en la furgoneta, presentar las tapas, medir, cortar o lijar, volver a presentar… y así un montón de veces hasta dar con la medida exacta.

Las formas redondeadas y curvadas del interior de la furgoneta hacían que repitiésemos una y otra vez las pruebas hasta dar con la forma exacta de cada pieza, todas eran diferentes. Fue un trabajo arduo.
El paso de los días fue llevándonos hasta un resultado final aceptable y más o menos probado, todo funcionaba como debía y no topaba con nada. Esa fase había concluido por fin.
Pintar la estructura camper
Elegimos un color “sufrido”, que no diese problemas a la hora de limpiar y que fuese sobrio. Un gris antracita en forma de pintura al agua que después se reveló como una mala elección debido a la composición de la pintura. Cara y muy sensible a la humedad, pero de nuevo no lo sabíamos aún.

A la estructura le dimos 2 capas de pintura con rodillo de espuma y a las tapas 3 manos con las mismas herramientas. Así llegamos a lo que sería una versión final -bueno, casi final, ya veréis- de lo que sería la base sobre la que íbamos a vivir los próximos meses.

Ahora había que proteger todos esos cantos y filos de los golpes y roces de la actividad diaria para que la pintura en esas zonas no se estropease.
Proteger la estructura camper
Aquí lo teníamos bien claro, los perfiles de aluminio eran nuestros amigos. Protegimos los bordes de las tapas con pletina de 2 milímetros de grueso 20 de ancho, y las esquinas con perfil de 20×20 milímetros fijados con silicona. Nuestra estructura estaba ya hecha a prueba de bombas.

Cada 10 centímetros había un tornillo fijando los perfiles, así que ya os podéis imaginar la de horas de trabajo que llevó colocarlo todo.
Bisagras de piano de acero inoxidable
Caras y poco útiles. Instaladas más bien por manías mías, con sus correspondientes tornillos de acero inoxidable también. Demasiado gasto para algo que no iba a necesitar, pero pensábamos que sí.

Me duele aún recordar que en la segunda camperización las bisagras no tuvieron un espacio porque lo que necesitábamos era distinto. Así llegamos a lo que parecía la versión final de la estructura interior de nuestra casa con ruedas.
Aislar con Kaiflex
Tras comprar a medias con un usuario de un foro un rollo de Kaiflex de 30 metros cuadrados nos vimos con ese material autoadhesivo en las manos y con cero experiencia en su aplicación, pero aún así allá que atacamos el asunto con ganas. Lo primero, y lo peor, es retirar la espuma que lleva el techo tal y como sale de fábrica. Nos llevó días hacerlo.


El Kaiflex es un material aislante térmico y acústico que, en nuestro caso, tenía 10 milímetros de grosor -también lo hay de 20 milímetros- con una de sus caras protegidas por un film que se convertía en autoadhesiva al retirarlo.
El techo era lo más complicado de acometer así que nos centramos primero en eso. Se hizo todo de una pieza por, de nuevo cabezonería mía, aunque luego no serviría de nada, ya veréis la razón.

Tras meter mano al techo comenzamos a hacer lo mismo con los laterales, puertas, portón, etc. Todo lleva su capa de Kaiflex por dentro.



Y llegamos por fin a la parte más sencilla de aislar, el suelo. En apenas media hora ya lo teníamos listo, ojalá hubiese sido todo igual de fácil.

Tras varios días colocando Kaiflex llegamos al final de esa parte de proceso. Sin duda la más sencilla y fácil de acometer. Todo estaba aislado al fin.
Sobre el suelo colocamos la loneta original de la furgoneta. No estaba en perfecto estado pero era fuerte y resistente, si hubiésemos colocado la estructura interna sobre el Kaiflex directamente se lo habría cargado.
Presentación final de la estructura camper
Bueno, parecía que «lo gordo» ya estaba hecho, vamos a colocar la estructura sobre el suelo ya aislado y a ver cómo queda la cosa.

Abrimos las tapas y vemos la cantidad de espacio libre que tenemos bajo las mismas, pensamos que era más que suficiente pero aún así tomamos la decisión de montar un maletero de techo para disponer de 400 litros más de espacio de carga sobre nuestras cabezas.

Me doy cuenta entonces que la estructura interna es demasiado larga, cubre una tapara que da a la caja de cambio y deja un espacio demasiado pequeño para las sillas plegables y otros archiperres.
Lo hablamos y entendemos que lo más razonable es sacar de nuevo la estructura y darle caña a la sierra de calar para acortarla 25 centímetros por la parte que da a la cabina. Es un dolor de cabeza pero mejor ahora que plantearte lo mismo en ruta. Eso sí que hubiese sido un auténtico problema. Manos a la obra.
Colocar un maletero de techo en una Vanette
Encontramos un maletero de techo ideal para nuestros fines en Wallapop. Tiene su historia el asunto pero te invito a que la leas completa en nuestro libro Salto al Vacío. No tiene desperdicio.
Encontramos también las barras donde se fija el maletero pero su estado de conservación era regular así que las restauramos.


El resultado final nos parece óptimo, le cambiamos los tornillos por unos de acero inoxidable y por fin tienen un aspecto más decente. Una vez montado el maletero de techo la cosa no pinta nada mal.


Otro dolor de cabeza menos.
Cubrir el techo e iluminar el interior
Se acerca el 10 de abril de 2018, fecha de nuestra partida, y nos quedan pocas cosas por hacer, bueno, pocas de las prioritarias puesto que algunas las hemos resuelto en la segunda camperización en 2019, pero ya llegaremos a eso en futuros artículos.
Tenemos un techo cubierto de Kaiflex pero no puede quedarse así, hay que forrarlo con algún material o tela para que no se estropee el mismo. Nuestra cabeza es una olla bullendo en busca de soluciones a este nuevo problema.
Van pasando los días y ninguna de las cosas que pensamos nos satisface, todas tienen inconvenientes graves. Hasta que topamos con unas magnificas alfombras de bambú en una gran superficie de bricolaje que podemos usar como techo.
Tomamos medidas y compramos las necesarias para cubrir el techo de nuestra casa rodante. No lo sabíamos todavía pero en Ferrol le daríamos al de la cabina una mano de barniz por culpa de las humedades, y en la segunda camperización rematamos la faena con 5 capas del mismo producto a todos los techos. Ahora lucen como deben.
Nos damos cuenta entonces que la pieza de Kaiflex que tanto trabajo nos dio colocar en el techo tenía que ser modificada -cortada vamos- para añadir unos nervios de madera sobre los de metal y así atornillar la alfombra que iba a ser nuestro flamante nuevo ídem. Se me llevaban los demonios.
Pero bueno, había que hacerlo y a ello nos dispusimos. Sacamos plantillas con cartón y fabricamos los nervios de madera que fijamos a los de metal con tornillos de rosca-chapa. Sobre esos nervios atornillamos las alfombras de bambú y ¡Voliá!
Para tapar las juntas entre piezas usamos pletinas de aluminio iguales a las que pusimos en los cantos de las tapas de nuestra estructura y el resultado final no nos desagradaba nada.

Sin duda, y con diferencia, la parte de la furgoneta -junto con las ventanas- que más trabajo y dolores de cabeza nos ha dado en ambas preparaciones. Las ventanas las cubrimos con unas cortinas de color negro de dudoso gusto. En la segunda camperización, más de un año después, solucionamos la papeleta de las ventanas de forma mucho más efectiva.
Iluminar el interior de nuestra camper
Aquí lo teníamos claro, nada de tonterías o excesos, lo justo necesario y que no fuese una iluminación excesivamente fuerte o fría. Con esas premisas nos pusimos a buscar.
Hasta que en Amazon dimos con un fino hilo de cobre que albergaba en sus 10 metros de longitud nada más y nada menos que 100 diminutos leds que daban una luz suave y dorada que nos encantó.
Se alimentaba por USB -con 5v y apenas 1 amperio- y con una de nuestras baterías –powerbank– de 20.000mAh teníamos luz para casi una semana de uso. Y encima no costaba unos 9€ gastos de envío aparte. Ideal.
Tras realizar el pedido nos llegó en apenas tres días y los resultados no pudieron ser mejores. De hecho dio una de las fotos más celebradas en nuestras redes sociales y que os pongo justo a continuación.

Y ahora sí. Por fin la versión espartana y ZEN de nuestro hogar rodante estaba listo para ser cargado con nuestras escasas pertenencias y partir en busca de nuevos horizontes.
Así nos plantamos en el 10 de abril de 2018, con miles de cosas por hacer, trasladar nuestra vida a la furgoneta y partir en un viaje de casi 10 meses por nuestro país y el vecino Portugal.
No te pierdas nuevos artículos donde te lo contamos todo.




Gracias por compartir ideas. Ha quedado genial. Un saludo
Gracias Pepe.
Es un trabajo sencillo, basado en lo práctico y sin florituras. Lo importante era viajar lo antes posible y gastar el dinero en eso, no en convertir la furgoneta en una mini-casa.
Un abrazo.
Javier